Me llega, como un mazazo, la noticia del fallecimiento de Don Román Cantarero. Creo no errar si digo que es el último de una generación a la que yo di en llamar CABALLEROS DEL VINO. Una generación que comenzaron en los peores años de después de la guerra civil española, y que durante los años 50, 60, 70 y 80 sobre todo, fueron capaces de posicionar un mercado anticuado, casi local y de muy mala comunicación y distribución, en los lugares más importantes del mundo. Y si alguien lo hizo mejor que nadie, ese fue Román Cantarero sin lugar a dudas.

Gente para la que no existían ni días ni noches, ni domingos ni festivos, dedicados en cuerpo y alma a su trabajo, con altibajos, pero siempre con ese espíritu de superación ante las adversidades que los hacían destacar y recuperarse de los reveses de la vida para, siempre, salir airosos, con cicatrices, pero airosos.

Hace poco más de un año recibí con alegría un libro que me envió personalmente Román, sobre su vida, del que me he permito coger el titulo de este articulo, GENIO Y FIGURA, perfecta descripción para una persona con un carácter, una personalidad y una inteligencia fuera de lo común. Leí ávidamente el libro, y cuando hablé con él le dije, y así lo siento, que ese libro se lo debían de leer casi como asignatura obligatoria los estudiantes de económicas o empresariales para que pudieran ver lo que una persona puede lograr hacer con su trabajo, partiendo desde la humildad a los pocos años de ser engañado en la transacción de unas ovejas, a montar el imperio que supo montar, codeándose con las máximas figuras de la época y abriendo camino, en esos años, por ejemplo en Rusia, a las exportaciones de vino español.

De pequeño recuerdo en mi casa, las llamadas de estos hombres a mi padre, cuando todavía había conferencias y les daba igual, como antes decía, que fuera un domingo o que fueran más de las doce de la noche, la actividad era constante. Y hasta le pedían a mi padre, por la demora de las comunicaciones, que, por ejemplo, si helaba, rápidamente les pusiera un telegrama. Viajeros incansables, trabajadores permanentes.

Uno de mis primeros viajes, enviado por mi padre, fue precisamente a Tarancón a llevar una muestra “a los Cantareros”, con mi carnet casi recién sacado allá que fui con mis botellas de vino. La verdad es que imponían, pero el trato por parte de los hermanos Cantareros fue impecable, como hijo de “Albandea” la acogida fue cariñosa y al igual que entré con cierto miedo, salí con orgullo y ánimos a tope.

Luego he tenido la oportunidad de hablar con él en estos últimos años, pocas veces para las que debía de haberlo hecho, ya que su visión de los mercados, sus consejos y planteamientos, créanme que eran de un valor incalculable y, desde luego, siempre acertados. Me solía llamar Javier, pero siempre con el apelativo de Albandea, que era como se conocía a mi padre, con quien tenia amistad. Y me hacía en pocos minutos un planteamiento del mercado, causas, consecuencias y futuro, que más de una vez me han servido para escribir mis artículos, ¡no fallaba nunca! Creo que la última vez que hablé con Don Román fue a raíz de la subida de precios del año pasado a consecuencia de las heladas en Francia. Y me dijo: Albandea, Francia lo primero que va a hacer es beberse sus excedentes… Hace poco publicaba, y me acordaba de él, que de momento Francia estaba comprando incluso menos que otros años, ya que estaba tirando de sus excedentes. Estaba sucediendo y él me lo había avanzado pocos días después de las heladas. Aquí se puede ver la visión de mercado y de futuro que este hombre tenía.

A pesar de conocerlo poco podría escribir páginas y páginas, alguna comida en Daimiel con él y su hijo Jesús y conversaciones esporádicas, pero es que una hora de conversación con él te daba para largas y sesudas meditaciones.

Su familia puede estar orgullosa de haber tenido la suerte de vivir y aprender de este gran señor, sus consejos seguros les servirán para toda la vida. Convencido cristiano, seguro que desde el cielo los seguirá cuidando. Un abrazo a todos ellos

Finalizo, me quedo con su recuerdo, su libro, que lo tengo delante de mi y una dedicatoria, que, aunque me la reservo entera si pongo en parte:” Albandea, el mejor informativo de España… Me acuerdo mucho de tu padre, 50 años de amistad…. Un fuerte abrazo” entre otras cosas más personales me ponía esto. Libro que guardaré como un tesoro.

Siento su fallecimiento de corazón, como empiezo este articulo, apenado, se nos ha ido quizá el ultimo Caballero del Vino, ejemplo de trabajo y superación.

 Descansa en Paz Román

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