Terminada el 31 de julio. Estamos, seguro estoy, ante una de las peores campañas que podemos recordar, que será conocida por la campaña del coronavirus o de la pandemia. De una u otra forma una campaña para olvidar, que se está llevando a mucha gente por delante, no solo sanitariamente, que es lo más importante, sino económicamente y ciñéndonos a nuestro sector, una campaña pésima y que nos abre las puertas a otra que puede ser igual o peor si no cambian las cosas…

Haciendo un poco de historia rápida, la campaña se presentaba bien, muy bien diría yo. Es cierto que la sequía había hecho estragos y había mermado la cosecha enormemente hasta dejarla en unos 37 millones de hectólitros, muy baja para lo que España suele producir.

A cambio de ello teníamos una calidad excelente, unos vinos buenos, en su mayor parte equilibrados, sanos. Poca cosecha, unos vinos buenos, un precio de uva más o menos equitativo y bueno para casi todo el mundo (hubo excepciones) apuntaban a que podríamos tener una cosecha en primer lugar fácil de comercializar al ser tan corta, con una previsión de posible incremento de precios que podía ser significativa y que podría hacer ganar dinero tanto a las bodegas particulares, como a las cooperativas que podrían liquidar un buen precio de uva a sus socios. Igualmente, unas exportaciones que podrían subir en precio. En fin, y resumiendo, una campaña que en su proyección más normal se veía con cierta tranquilidad, esperanza e ilusión. Podría ser buena.

Para mí, el primer fallo de esta campaña fue precisamente ese, creernos excesivamente que esto estaba chupado y que los precios subirían enormemente. Así las cosas, comenzaron los tiempos de exportaciones, la feria de China, la de Ámsterdam, y, como me dijo un asistente, hemos venido con muchas tarjetas, pero pocos contratos. Italia, como no, siempre Italia, y Argentina, con precios tirados, nos fueron arrebatando contratos internacionales bajando algo el precio, excesivo por otra parte para como estaba el mercado mundial, que pedía España. Y nos vimos a primeros de año con mercado parado y viendo que no se había vendido tanto vino como creíamos y tampoco se habían logrado los precios que en un principio se esperaban.

Aún así, quedaba mucha campaña por delante, seguíamos teniendo una cosecha muy corta y las esperanzas estaban, si no intactas, si al menos con ilusión.

Y en esto llegó la debacle, llegó el virus y el mundo se paralizó. Nuestro sector fue, de rebote quizá y debido al cierre de bares, restaurantes y turismo, sobre todo, golpeado duramente, es cierto que quien vendía a alimentación salvó el cuello, pero el de los canales horeca, de bares, restaurantes, hoteles, pasó de unas ventas normales a venta CERO, no es que bajaran algo, es que bajaron totalmente a no vender ni una sola botella, al estar todo esto cerrado al cien por cien.

Nos vinieron ayudas, es cierto, pero a todas luces insuficientes, ni la destilación, ni el almacenamiento ni la poda en verde han hecho un efecto sustancial en el mercado ya que las cantidades retiradas han sido a todas luces insuficientes, como ya lo anunciamos desde un principio.

Vuelve a ilusionarnos la apertura, lenta, pero apertura, de bares, restaurantes, hoteles, a media capacidad, pero abiertos, y comienza a llegar algo de turismo, lo que vuelve a hacernos crecer en las esperanzas, el turismo es un gran consumidor de vino en España, bien como vino, sangría, vino de verano, etc. Pero consumen mucho vino. Y cuando todo empezaba a abrir, de nuevo el golpe bajo, los principales países que nos aportan turistas empiezan a poner trabas suficientes para anular casi la totalidad de las reservas que había de turismo, muchos hoteles vuelven a cerrar y bares, restaurantes, chiringuitos de playa, o cierran o están trabajando a unos niveles ridículos.

Y así nos pilla final de julio y final de campaña. Con las bodegas aún con mucho vino, las ventas por los suelos, muchos mercados mundiales medio cerrados o a media marcha porque este efecto es mundial. Precios claramente a la baja, unos excedentes que no han bajado como esperábamos y en puertas de una vendimia que, cuantificaciones varias aparte, va a ser, en mayor o menor medida, pero grande. Y tenemos muchas bodegas de muchas zonas, con el vino en bodega, o las botellas de vino sin vender, en algunos casos sin capacidad para molturar uvas y en quince días, poco más o menos, comienzan a llegar las uvas de nuevo a los lagares.

Como continuación de este artículo, el próximo trataré de hacer, difícil tarea, un análisis de lo que puede ser la próxima campaña, ya ven que difícil, porque mi análisis, como el de muchos, el año pasado por estas fechas sería el de una campaña animada, buena y fácil, y miren al final lo que ha pasado, pero intentaremos hacerlo dentro de la normalidad, como ahora se dice…

¡¡¡Cuídense!!! Y ya saben, promocionemos el vino… 

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