Hay que intentar solucionar problemas, mejor, si puede ser, antes de que se produzcan, más como está ahora mismo la situación tan delicada del sector de los vinos. Por tanto, si miramos algo al futuro, vemos los posibles problemas y los intentamos solucionar desde ya en lugar de luego de prisa y corriendo, creo que será mejor para todos.

Y en primer lugar me quiero referir al precio de la uva. Si, de todos es sabido que el precio de la uva es cada año un obstáculo, el primero, donde chocan intereses y pareceres de todos los sectores del vino, a unos siempre les parece caro, a otros siempre baratos. Muchos de ustedes me podrán decir que me adelanto mucho, que siempre se han puesto en boca de vendimia incluso la mayoría de las veces cuando la vendimia ya había comenzado, y llevan razón, pero este año creo que la situación va a ser más conflictiva si cabe debido a que por el habrá que poner un precio mínimo que cubra los costes de producción. Y aquí es donde puede venir el jaleo, la discusión y el no ponerse de acuerdo, con total seguridad.

¿Quién le pone el precio de producción a la uva? Si lo pone una parte u otra, seguro que la otra parte no estará de acuerdo.

Parto de la creencia de que cada vez es menos importante el precio de la uva en algunas zonas, sobre todo donde el sector cooperativo está implantado, en La Mancha, por ejemplo. No creo que se compre más de un 15% de la uva, el 80-85 restante va a cooperativa, sin precio como es natural. Sin embargo, se le da una importancia que yo creo que no corresponde con la realidad. Me dirán ustedes, y es cierto, que este precio sirve para marcar el precio de salida de vinos y mostos, que también, por cierto, venden en su inmensa mayoría las cooperativas.

Luego, yo al menos estimo, y ya se lo he referido a ustedes que esto es prácticamente una quimera imposible de cumplir, si lo queremos hacer honestamente y de forma equitativa y verdadera, sencillamente porque cada viña tiene un coste de producción diferente: secano en sus diversas variedades de terrenos más secos o frescos, regadíos, igualmente, utilización de mas o menos mano de obra, coste de abonados, energía, producción, ya que una espaldera puede dar cinco kilos y puede dar treinta, etc. En fin, un dificilísimo calculo que sea justo tanto para el agricultor, como para el elaborador.

Les aseguro que, si este precio lo ponen los sindicatos agrarios, por ejemplo, estará por encima de lo que sería si lo pusieran los compradores de uva y ni uno ni otro sería el justo y equitativo, también seguro.

Por eso pido que se haga una mesa de negociación, quizá moderada por las consejerías de agricultura o alguien que actúe como intermediario, y que siente a todos los sectores y se plantee un precio justo para la uva, pero justo para todo el mundo, no para una parte del sector.

Si esto se hace (o lo más probable es que no se haga, aunque ahí dejo la idea) en plena vendimia, con prisas y metiéndolo con calzador a un sector o a otro, saldrá mal para alguien. Si se es capaz con anticipación de llegar a un acuerdo nos evitaremos muchos problemas, protestas en plena vendimia, movilizaciones, cierre de bodegas, etc. Etc. Más en un año como el que nos viene en el que todos los esfuerzos unidos serán pocos para una vendimia que ya de por sí, se prevé complicada y dificultosa.

Y no quiero terminar este artículo sin plantear que esta justicia se aplique a todo el sector, ya que si a una parte, el comprador de uvas en este caso se le “obliga” a poner un precio mínimo de uva.  Lo justo sería que se le garantizara también que el vino lo va a vender a un precio mínimo garantizado también para que no caiga en perdidas importantes, y subiendo la escalera, garantizar también que al embotellador de vinos se le va a comprar esa botella de vino a un precio mínimo garantizado también.

Como se suele decir, aquí, o jugamos todos o rompemos la baraja…

¡¡¡Cuídense!!! Y ya saben, promocionemos el vino…

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