El titular de este artículo inequívocamente es contradictorio, lo sé y por eso precisamente lo he querido poner así y es que noto a una gran parte de los actores de nuestro sector con una apariencia de tranquilidad que creo no es totalmente natural y, como vulgarmente se dice, la procesión va por dentro. Y dentro de esto englobo a todo el sector, y todas las partes de él, desde el agricultor, hasta el exportador. Aunque también es verdad que por parten de algunos de ellos comienzan a mover ficha.

Y es que ves las declaraciones, por empezar por el sector vendedor, de cooperativas, elaboradores, y parece que todo va perfectamente bien, el vino ha subido sus precios, está estable y fuerte, la hostelería, de momento, ha comenzado a abrir sus puertas, el turismo ha comenzado a crecer, aunque también es verdad que con la ya segura quinta ola, todo o gran parte, volverá a caerse, las exportaciones crecen a buen ritmo y todo parece un jardín de flores en contraposición de lo que esto parecía hace un par de meses que parecía un jardín de espinosos cardos.

Siendo todo esto verdad, nadie lo duda, luego, hablando ya cara a cara con muchos de ellos aflora en gran parte de ellos la intranquilidad. En conjunto saben que hay muchas existencias, excedentes a los que en poco más de un mes, se añadirá la próxima cosecha, que se estima muy parecida a la pasada, millón de hectólitros arriba o abajo. En las zonas donde hay más cosecha y las ventas no han sido todo lo deseable, se están buscando depósitos para alquilar en previsión de poder tener un desahogo si la vendimia viene tan bien como estiman. Y ven la posibilidad de que se les pueda atascar parte de esta cosecha con la venidera. Y ven la posibilidad de que entre cosecha y existencias estemos sobre los 80 millones de hectólitros, cantidad importante y de difícil comercialización.

El comprado de vino no es que esté ni nervioso ni tranquilo, simplemente está sorprendido por lo que está pasando en el mundo del vino y espera, compra lo que le hace falta, pero a corto plazo y contempla la marcha del mercado, por un lado, en la creencia que esto tarde o temprano bajará, y si no baja, pues pagará el precio que tenga que pagar, pero no se lanza a acaparar vino, lo deja en manos del vendedor.

Los embotellados, que han comenzado a sacar botellas a raíz de que se fueran abriendo bares y restaurantes, ven como en algunos sitios se vuelven a cerrar o a limitar horarios.

Y los agricultores comienzan a darle vueltas al posible precio de la uva, creo que en este sector va a haber dos partes diferenciadas, la parte de los vinos a granel, con precios fuertes, que han subido en los últimos meses, y que por tanto, van a exigir que esa subida se refleje en el precio de la uva y cuando se habla de precios similares a los de la campaña pasada, no duden que se pedirá más, ya que una cosa, el vino caro, lleva a la otra, precios de la uva igualmente al alza. Lo que puede crear, como suele ocurrir, conflictos importantes en los inicios de vendimia hasta que se estabilizan precios.

Por otro lado tenemos a los compradores de uvas cuyo fin es exclusivamente al embotellado, y más en las zonas de calidad, pero también en otras, el que tiene que comprar uva para luego sacar sus embotellados mira la situación desde un prisma diferente, y es que, por un lado tiene la uva que compra, pero si vuelve la cabeza ve su bodega con la mayoría de las botellas de vino de, cuanto menos, la campaña pasada, si no es de varias, y ve que la salida de esos vinos va a ser dificultosa, sobre todo si hablamos de blancos, y se plantea, en primer lugar si compra uva, en segundo cuanta uva compra y en tercero que precio puede pagar por esa uva.

En fin, estamos a punto de terminar la campa 20/21, una campaña rara, extraña, que analizaremos en semanas venideras. Y nos enfrentamos a una nueva campaña llena de incógnitas y con parámetros difícil de manejar ya que se nos escapan de las manos al no saber como evolucionará exactamente la pandemia.

Les quiero señalar someramente, ya que, de momento es solo un rumor, que parece ser que está en estudio meter al vino dentro del grupo de bebidas alcohólicas, no como ahora que está considerado como alimento, y si fuera así podrían ponerle un impuesto al alcohol. Ya digo que son rumores, pero rumores ciertos, en estudio está, esto ya sería lo que faltaba para dar la puntilla a muchas bodegas, y desde luego nunca hace bien, ni siquiera el rumor, menos si fuera cierto. Miren lo que está pasando con la carne solamente por las declaraciones, seguro que desafortunadas del ministro de turno. Tómenlo como lo que es, un rumor solamente, pero hay que hacer un seguimiento cercano.

  Y de momento, como al principio les digo las cosas van medio bien, de ahí la tranquilidad de algunos, tranquilidad que al pensar en el futuro se puede volver en nerviosismo. Lo iremos viendo… y contando…

¡¡¡Cuídense!!! Y ya saben, promocionemos el vino… 

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