Para escribir sobre vinos y gastronomía al igual que en cualquier otra materia hay que estar informado. Pero para transmitir sobre lo que uno cuenta no solo basta con redactar lo ha aprendido. Hay que ponerle la pasión que uno siente al contarlo. Por eso, considero que los periodistas enogastronómicos debemos ser enamorados de nuestros vinos y gastronomía. Que cada vez que pongamos en marcha un artículo no solo defina palabra, sino que sean los sentimientos los que también lleguen al lector. Por tanto le estamos sumando a la técnica para el buen uso de la Lengua española que nos enseñan en la Facultad de Periodismo aquello que nos hace sentir sobre lo que escribimos. Y esta forma de entender el periodismo enogastronómico tiene dos resultados muy positivos. El primero es que no consideras este oficio un trabajo. Estás haciendo lo que te encanta y estás constantemente aprendiendo por lo que cada día te apasionas más. Y segundo y más importante, consigues en menor o mayor medida encandilar al lector con ese entusiasmo. Y de un cierto modo, con ello formamos a quienes nos leen, compartiendo las ganas de disfrutar de los vinos y la gastronomía.

Sabiendo esto, un artículo enogastronómico comienza antes de empezar a escribirlo. Con la idea ya fija empieza el trabajo de campo – la investigación. Ya sea a través documentación, entrevistas o artículos de prensa. Y en este sentido, le incluyo un plus. Si voy a escribir sobre vinos adquiero alguna botella sobre lo que vaya a escribir. Porque no solo estoy aglutinando información sobre el tema, también viendo, oliendo y saboreando aquello sobre lo que tengo que contar. Y es un añadido, porque aquello que siento cuando estoy apreciando cada uno de los matices del vino en cuestión, cuando me ponga a escribir, queda reflejado en el artículo. Por ejemplo. Como periodista enogastronómico puedo investigar sobre la D.O. Bierzo. Sus vinos, sus viñedos, sus variedades emblemáticas Mencía y Godello. Su tierra. Sus bodegas. Pero en ocasiones, no tenemos la suerte de palpar esa tierra, recorrer esas viñas u oler el aroma de sus bodegas. Pero un poco de cada una de esas sensaciones viene dado en los vinos. Y cuando nuestra nariz acaricia en este caso un Mencía, y las papilas gustativas aprecian la frutalidad y la mineralidad de las lomas de pendiente de su viñedo, te trasladan al lugar. Y te aportan ese valor añadido para poder comunicar con fluidez aquello que no has visto pero que estás sintiendo con el vino.

El artículo después nace solo. La investigación pone los conceptos. La carrera periodística el orden y los marcadores de texto en el contenido. Los vinos o la gastronomía te ayudan a transmitir lo que uno siente cuando lo prueba. Y la pasión por escribir lo que uno ha sentido pone su particular ‘polvo de hadas’. Y entonces ya podremos sacar del horno nuestro escrito, o venenciarlo desde nuestra propia barrica. Y ya será el lector quien lo cate.

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