No quiero que se me tache como el pesimista de este mercado, no lo soy, pero me gusta intentar ver lo que pasa en todos los sectores del sector del vino ya que muchas veces, la mayoría diría yo, lo que es optimismo para una parte del sector, puede ser pesimismo para otra de las partes, ya que si, por ejemplo, el vino está muy barato, puede reinar el optimismo en el sector comprador, a la vez que puede estar el pesimismo en la parte vendedora y en la productora, en los viticultores. Otras veces, como ahora pudiera ser, el vendedor está optimista, el viticultor, lo podríamos poner en el centro-bajo y el comprador puede estar pesimista por ver si venderá a los precios que tiene el vino.

Como siempre, el equilibrio entre todos, siempre lo digo, es el mejor de los estados del mercado.

            La situación de los mercados y, por ampliar un poco, las perspectivas de campaña para el elaborador son halagüeñas, nadie lo puede dudar tal y como está el vino en estos momentos todo indica eso. Una cosecha corta en la practica totalidad al menos del hemisferio norte y en los tres países productores, sobre todo, España con una merma estimada del 15%, Italia entre el 6 y el 9%, y Francia superior al 30%, y una previsión en la UE de unos 140-145 Millones de hectólitros, hacen ser optimistas, y con razón, en la comercialización de los vinos, que no debería tener excesivos problemas. Siguiendo con lo “bueno” vemos que los mercados mundiales se van abriendo al ir superando la pandemia, Estados Unidos nos quita los aranceles, y en España el canal HoReCa se va abriendo ya casi totalmente y lo lógico es que a lo largo ya de esta campaña, más mirando al verano próximo, lo natural es que el turismo que nos visite crezca exponencialmente, si no a cotas de 2019, si al menos que vaya ampliándose constantemente.

            Viendo estos datos, que son reales, cualquiera podría decir que es la situación casi perfecta, que todo es “miel sobre hojuelas”. Sobre todo, para el viticultor que tenga su cosecha en cooperativa y para el elaborador de vino, ambos pueden vender el vino, con un más que aceptable margen comercial.

El comprador de vinos, el industrial, embotellador, ya ve la situación de otra manera, ve una subida importante del precio del vino, acompañado por una subida, si cabe aún mayor, de lo que rodea a embotellar y vender el vino, electricidad, cartón, gas, transportes, combustibles, sueldos, etc. Etc. Con todo esto debe elevar considerablemente el precio de la botella de vino, y ahora vamos a ver como lo toman los grandes supermercados, cadenas alimentarias y el mismo consumidor.

            Y quiero dejar constancia de lo que les digo siempre y no hay que olvidar, unos dependen de los otros, si el comprador no vende, no compra y si no compra el precio puede resentirse.

            Veremos también los mercados internacionales como aceptan esta subida, tenemos la ventaja de que la subida va a ser generalizada y prácticamente en el ámbito mundial, pero tenemos países competidores, del cono sur e incluso vecinos nuestros, como Italia, que ya estamos acostumbrados a que nos hagan daño en las exportaciones. De momento van bien, como un tiro diría yo, pero me pregunto si el vino sube mucho más, si estos precios serán aceptados por los mercados internacionales y si seremos competitivos.

            Es por esto que pido precaución y serenidad, no sea que nos pasemos de frenada y las sonrisas de hoy se conviertan en lagrimas del mañana. 

            Y digo esto mirando, ustedes lo pueden hacer también, al final de este articulo, la de la evolución de los precios a lo largo de los últimos años. Y vemos en enero de 2018, el vino blanco a 4,75 y el tinto a 5,40 euros hectógrado. Y si miran la gráfica el desplome fue histórico, en octubre de ese mismo año el blanco lo teníamos a 2,50 y en marzo del siguiente a 1,80. La caída fue proporcional en los tintos.

            ¿Qué quiero decir con esto? Muy fácil, que no debemos estirar tanto la soga que hagamos que al final se rompa, recuerdo perfectamente que ese año nos empezaron a quitar operaciones la practica totalidad de países, Argentina, Francia, Sudáfrica, hasta de Moldavia se trajo vino y el mercado no lo soportó y de la misma forma y velocidad en la que subió, así se desplomó.

            No tiene por qué repetirse la misma historia, estamos de acuerdo, nadie lo quiere, pero hay que saber tomar el pulso a los mercados con cabeza y precaución, y ver hasta donde se puede o no se puede llegar, no se puede ir a lo loco y con una sonrisilla subiendo el precio porque sí. No vender porque “ya vendrán y me pagarán más” y el “ahora tenemos nosotros la sartén por el mango” porque sencillamente, no son argumentos y, además, muchos no vuelven. Que todos sabemos que Italia, por ejemplo, es experta en ir justo por debajo nuestro y llevarse operaciones, y las que se llevan, ya no las vendemos nosotros.

            Por tanto, aprovechemos al máximo esta situación, nadie lo niega y lo deseo más que nadie y que nuestros vinos ganen en valor de una vez, merecido se lo tienen sin duda, pero tengamos siempre la cabeza fría y sabiendo lo que hacemos y hasta donde podemos llegar. 

            El fin debe ser vender lo más alto posible, pero mejor sería el consolidar un precio y una reputación para años sucesivos, así, seguro, que a lo largo del tiempo nos irá mejor, y no tendremos un año bueno dos normales y tres malos, de cada cinco…

¡¡¡Cuídense!!! Y ya saben, promocionemos el vino… MEJOR CON VINO

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