
Difícil reto el ponerlo, prácticamente imposible un precio que deje a todos satisfechos y, además, sea atractivo para el consumidor final. Difícil también, creo, el tomar este tema por todos los sectores con la seriedad suficiente y el ánimo de acuerdo de todas las partes. Difícil es, para el agricultor, estar contento con el precio que se le pagan por las uvas, sin meterme en razones o no razones, aún no conozco un año, y ya tengo unos pocos, en el que los agricultores estén de acuerdo con el precio que se les paga por sus uvas. Y ya digo que simplemente lo expongo, y ni pongo ni quito razones, pero la realidad es esa, nunca han estado de acuerdo con el precio que se les paga, quizá haya zonas y casos aparte, me refiero principalmente de las uvas utilizadas para los vinos a granel de zonas muy productoras.
Este mismo caso y ejemplo nos puede valer exactamente igual para el elaborador, que pocas o ninguna vez está contento con el precio que se paga por su vino, y el comprador que siempre cree que el precio del vino está por encima de lo que debería de estar.
Aunque parezca algo lógico y sin importancia, si tiene el valor del vino en la exportación a otros países. Quizá no lo sea tanto en la mayoría de los países Europeos pertenecientes a la Unión Europea o en los países más adelantados del primer mundo, pero si es muy importante, por no poder llegar a ellos en otros países menos desarrollados donde quizá una botella de vino de 2 euros, pongo, por ejemplo, es un lujo inalcanzable para ellos. Me dirán que por mucho que baje el vino seguirá siendo inalcanzable para ellos, y llevan razón, pero es algo que a más precio menos consumo y viceversa. En los países del primer mundo también es importante, no cabe duda, pero los precios de nuestros vinos y los suyos, se parecen más y, quien más o quien menos si puede gastarse esos dos euros en una botella de vino.
Todo esto junto, nos lleva al consumidor, al estante del hipermercado del que cada día tiran menos de las botellas de vino los consumidores. Y esto se está dando en todo el mundo.
Un precio que sea correcto para el vino, tema de este artículo, es casi imposible de poner, varia por múltiples causas y variables en cada momento, más en un comercio mundial, donde los gastos y mano de obra varían en cada país y, por tanto, en cada precio del vino.
Así, y por esta diferencia de precio, me consta que hay ya operaciones de vino en Argentina, con vinos a precios más bajos que los de España, y, como me decía un exportador, una vez el vino puesto en barco, llevarlo o traerlo de un sitio a otro tampoco supone mucho más gasto.
También me consta que Francia, con muy graves problemas de comercialización y precio del vino ha comenzado, por parte de sus agricultores principalmente, a decir que la culpa de esta crisis la tienen los países productores vecinos. Ya se pueden imaginar lo que esto puede empezar a suponer para nuestros camiones de vino que vayan o crucen Francia.
En resumidas cuentas, el precio del vino, por mucho que entre unos y otros digan, yo siempre he dicho que lo pone el mercado y quien ha querido, a lo largo de los años dominarlo, siempre se ha estrellado. En estos momentos los graneles están en su inmensa mayoría en manos de las cooperativas, los graneles en venta, ya que hay muchos otros compradores fuertes de uva que sus vinos son para autoconsumo y por tanto, no salen al mercado, lo que incrementa aún más la potencia de las cooperativas. Pero aún así, creo que por mucho que se quiera imponer por una parte un precio, al final es el mercado el que ponen a cada uno en su lugar Y llegar¡, como conclusión a un precio del vino acordado y conforme por todos es poco menos que imposible.
Dirán ustedes que no he puesto precio alguno, efectivamente, es que ante esa pregunta, que se ha hecho tanto en España como en Europa, la respuesta es sencillamente esa: no se puede dar un precio correcto del vino, ya que cada momento tiene su precio, lo que hay que intentar es tener la suficiente conciencia por todas las partes para buscar, ya digo que en cada momento, el equilibrio justo para que el precio no sea un lastre que pueda perjudicar a unos u otros o, lo más importante, al consumidor.
Cuídense mucho y ya saben, PROMOCIONEMOS EL VINO. LA VIDA SIEMPRE MEJOR CON VINO.
Javier Sánchez-Migallón Royo