Clos de Lôm pone el nombre de Isidra a su nuevo vino de guarda en homenaje a las mujeres de la saga familiar que han sido el vínculo con las tierras dels Alforíns durante casi dos siglos


El tinto de garnacha y tempranillo de la finca es de la cosecha 2018 y ha estado doce meses en barrica


Una vez termine el ciclo de afinado en botella, saldrá al mercado para e situarse entre los tintos que están rompiendo prejuicios en la DOP Valencia


Las grandes historias se hacen con pasos pequeños pero firmes, y la de Clos de Lôm, la finca que está en el centro de la revolución de los vinos de la DOP Valencia desde Fontanars dels Alforíns, está apunto de dar otro en la misma dirección con su nuevo vino Clos de Lôm Isidra.

Se trata de un tinto en el que domina la garnacha junto al tempranillo fruto de la cosecha 2018 y que ha estado doce meses en barricas nuevas de roble francés y americano. 

Seleccionaron una decena de parajes para escoger los que mejor se adaptarían al envejecimiento y el resultado es un vino con carácter, potente y con toda la frutosidad de las variedades.

Homenaje a las mujeres de la familia

Los propietarios han vuelto sus ojos a la historia de la familia para bautizar un vino con el nombre de Isidra, bisabuela de la generación actual. Una mujer singular cuyo nombre se repitió en varias descendientes, lo que nos dice mucho de su importancia en la saga y de la impronta que dejó en todos ellos.

Este Clos de Lôm Isidra sirve también a la bodega para hacer un homenaje a todo el trabajo silencioso de las mujeres de esta familia enraizada en Clos de Lôm desde el siglo XIX.

Fueron principalmente ellas las que nunca cortaron los lazos que les unían con los valles de los Alforíns y las que, en momentos de incertidumbre, hicieron de la finca un auténtico fortín de supervivencia y, a la postre, unión familiar.

La Isidra que da nombre al vino tuvo que dejar la ciudad Alicante durante la Guerra Civil al enfermar y fallecer su marido. Joven viuda, con tres hijos y en plena guerra, decide armarse de valor y volver los ojos hacia la finca de Fontanars donde había pasado mucho tiempo de su infancia y juventud. Y si la juventud es la patria de las personas, para Isidra estaba clara que allí estaba la clave de los valores que les haría salir adelante.

Con el coraje que tenía, más el que le inculcó aquel triste pasaje de nuestra historia, pasó la guerra en aquella finca viviendo de la tierra. Las uvas, el vino, el cereal, hasta los huevos de sus gallinas sirvieron para convertir en dinero y sustento con que sacar adelante a sus tres hijos.

Ese ejemplo de supervivencia, de ave fénix familiar que no se resigna y se echa a la espalda la responsabilidad de luchar por lo heredado, es un valor familiar que se pone encima de la mesa en las conversaciones familiares cuando hay que hacer frente a las adversidades. Si Isidra lo hizo, en una situación tan desfavorable, ¿son los problemas de hoy tan complicados como aquellos?

Clos de Lôm hoy se ve como un caso de éxito, pero la trastienda esconde un trabajo continuo, fruto de la valentía de mujeres como Isidra que dieron prioridad a la tierra, al paisaje y a unos viñedos que siempre sobreviven a sus plantadores.

En esa tierra están los pasos, las miradas, el sudor, las lágrimas y las alegrías de una familia que no olvida que Clos de Lôm es un préstamo de la próxima generación que la actual tiene que mimar hasta pasar el relevo. Y en ese proceso, la piedra angular han sido las mujeres.

Un tinto con carácter

El Clos de Lôm Isidra 2018 es una nueva vuelta de tuerca sobre las variedades autóctonas que se cultivan en la finca de Fontars. La garnacha, típicamente mediterránea, aporta el carácter mientras que el tempranillo compensa la acidez y ayuda a la evolución en el roble y, más tarde, en la botella.

La vendimia, muy escogida aprovechando la gran variedad de suelo y orientaciones de los parajes de la finca, se hizo en las primeras horas de la mañana, cuando el rocío todavía brilla en las uvas y antes de que el sol active la oxidación de los mostos.

La uva, una vez recogida, se macera en frío durante siete días con remontados de gas comprimido y luego se fermenta en acero. La maloláctica se hace en depósitos y con la selección de cultivos de las bacterias lácticas que realiza la bodega.

El final del proceso es un envejecimiento de un año en barricas nuevas de 300 litros, compaginando roble francés con americano y separando también por variedades para el coupage final que termina afinándose en botella unos meses antes de salir al mercado.

Cata

La cata arroja un color rojo de capa alta intenso y vivo, con aromas potentes e intensos donde se combina la fruta roja madura con la madera nueva de roble. Es un vino elegante, aterciopelado, con buen equilibro de paso de boca y taninos maduros muy bien integrados. Es largo en boca y se puede consumir con carnes rojas, quesos y carnes curadas, carnes a la brasa…

            El Clos de Lôm Isidra está llamado a asentarse entre los grandes tintos de guarda de la DOP Valencia.

Comparte en tus redes sociales:

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *