El Mundo en la Mesa

Andrew J Linn

Tenemos que simpatizar con los dueños de bares y restaurantes. Han pasado el último año entre la espada y la pared y la única solución posible a este desastre parece ser la vacunación masiva. ¿Se ha discriminado injustamente a este sector?

Cuando el gobierno alemán permitió la reapertura de 80.000 peluquerías este mes, el motivo alegado fue la necesidad de preservar la dignidad humana, tal como la define la Constitución del país. Entonces, ¿por qué no conceden los mismos privilegios a los bares y restaurantes, que también juegan un papel en la defensa del bienestar humano? Si bien nunca ha habido muchos datos confiables acerca de la incidencia de contagios en estos lugares, los partidarios de su cierre continúan señalando que los clientes, aparte de quitarse la mascarilla para beber y relajar las medidas de seguridad tras haber una copa de más, necesitan ir al baño con frecuencia, propagando los gérmenes. 

¿Y el acto de beber en sí, aumenta la probabilidad de infectarse? La Organización Mundial de la Salud manifiesta que el alcohol debilita el sistema inmunológico, mientras que algún estudio científico apunta en sentido contrario. El Dr Nicolai Worm, profesor de Nutrición en la Universidad alemana de Prevención, ha declarado que los bebedores moderados presentan un riesgo menor de mortalidad en los mismos casos que los abstemios, aunque los empedernidos tengan riesgos más altos. Y tradicionalmente se sostenía con frecuencia que mantener la boca y la garganta empapadas de alcohol en ciertos ambientes era una defensa contra las infecciones.

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