Por Isidro Hidalgo, Director General de Grupo PHI

Ante un panorama insólito, cabalgando al galope hacia ese futuro distópico que no quisiéramos protagonizar, muchas son las reflexiones que realizar desde diversos ámbitos. La crisis del nuevo Coronavirus no sólo amenaza con devastar las estructuras socioeconómicas de manera transversal, sino también, y lo que resulta más desolador, los valores mismos de la humanidad, cuyo espíritu de especie social ahora deambula entre el miedo al contacto con nuestros congéneres y una fractura ideológica que, lamentablemente, contraataca para enfrentarnos en modos que parecían superados por nuestro país, el continente y un mundo entero que destila signos de inmadurez e irresponsabilidad colectiva.

Desde la parcela empresarial, potente motor en el giro de la gran rueda, los primeros síntomas de esta enfermedad global son absolutamente preocupantes.  Nuestra pujante empresa, GRUPO PHI, es relativamente pequeña, pero está dotada de una enorme conciencia social. Y no se trata sólo de un convencimiento moral, sino de ser agradecidos al recordar unos orígenes muy humildes en el que sólo fue posible sobrevivir merced a la confianza que depositaron nuestros proveedores y clientes, además de los empleados, quienes sintieron suyo el proyecto desde el  primer momento, cuando apenas contábamos con mayor capital que las ganas de trabajar y mucha voluntad. Pero no necesitamos hacer memoria. Tenemos muy presente el pasado, y a nuestra gente, que sigue demostrando día a día por qué son merecedores de un ejercicio de corresponsabilidad por parte de GRUPO PHI.

Hoy, como la mayoría de empresas, de cualquier tamaño y entidad, ya sufrimos en las carnes tan insondable crisis, observando cómo deriva en maneras aún más dolorosas de las esperadas. Desde las primeras dentelladas, todo el tejido empresarial era consciente del catastrófico retroceso que se nos vendría encima. El desplome de los mercados era un escenario para el que prepararse, con consecuencias muy severas para la viabilidad de la mayoría de los negocios. Y los tenaces emprendedores, una vez más, nos mentalizamos para buscar soluciones ante lo peor, como en tantas crisis. Sin embargo, ahora se están cruzando líneas rojas inimaginables para ninguna empresa que, como la mayoría de PYMES, se basa en la confianza con las personas y un sistema de valores que debería ser irrenunicable. 

Desgraciadamente, estamos asistiendo a un momento triste en el que la decadencia moral empieza a campar a sus anchas, extendiendo aún más los brazos del terror. Es ahora cuando se demuestra la categoría de las empresas y sus dirigentes, la catadura de cada cual a la hora cumplir con los compromisos adquiridos a todos los niveles, y por supuesto aplicar políticas que velen por su mayor tesoro, que no es otro que el personal, el propio y el de sus proveedores, colaboradores y clientes, manteniendo sólida una cadena que, de romperse, sería en grave perjuicio del conjunto de stakeholders de la empresa, internos y externos, todos afectados a diversos niveles.

Vivimos días convulsos, que nos pondrán a prueba en modos aún inescrutables. De manera masiva, se nos ha hecho entrega de verdaderos test de honradez empresarial. Las ayudas gubernamentales buscan complicidad en nuestro proceder, confiando en cómo hemos de administrar las herramientas laborales y unas líneas de crédito que, sin otro destino, tenemos la responsabilidad social de dirigir hacia la protección de nuestras estructuras comerciales y productivas, pero fundamentalmente a mantener empleos, atender facturas y preservar el futuro de los negocios.

Nuestro sector principal, el de la industria vinícola, al cual atendemos puntualmente con tecnología, servicios y mantenimiento, está sufriendo como nosotros. Por supuesto, hemos de ser solidarios con su incertidumbre y el hundimiento de la actividad. Estar a la altura, en definitiva, de la que entendemos que es nuestra gente: cada cliente, todas las bodegas, cooperativa e industrias derivadas. Tras cada firma existen personas, de las que dependen miles de familias. Y todos siguen trabajando duro a la espera que el temporal escampe, con dificultad, pero requiriendo que sus colaboradores sigamos siendo los mismos. 

Conocemos perfectamente la difícil coyuntura a la que se enfrenta este sector, incluso en primera persona, ya que Bodegas Reconquista forma parte de nuestro grupo empresarial. Como tantas bodegas afectadas, ya está requiriendo de los mecanismos de sujeción que el país ha puesto en marcha en este excepcional Estado de Alarma. Y hemos de ser comprensivos y pacientes con la lentitud de la sobrepasada burocracia. Pero nuestro compromiso con los compañeros debe ir por delante, anticipando el sustento de las familias implicadas por los expedientes de regulación temporal de empleo. Porque no podemos mirar a otro lado ante el drama. Nadie puede quedar atrás, y afrontaremos juntos la crisis con el ingenio y dinamismo que siempre han caracterizado a una bodega siempre dispuesta a reinvertarse.

Estar a la altura de las circunstancias implica ser fiel a un código de valores tradicionales que han mantenido las relaciones comerciales y empresariales a base de confianza en las personas, comprensión y flexibilidad ante los vaivenes de la vida. Nuestra empresa, desde hace más de una década, ha crecido entre dos crisis feroces en base a estos principios. Es momento de desplegar el máximo potencial creativo y buscar soluciones que velen por los compromisos y las relaciones; de encontrar fórmulas para cumplir con los pagos, servicios y plazos, nunca excusas falsas u oportunidades carroñeras. Es la hora del diálogo, de dar la cara y colaborar activamente para vencer a un virus al que no permitiremos que destruya nuestras relaciones y modo de entender tanto los negocios como la vida.

   Nadie desearía enfrentarse a una crisis, y mucho menos de esta terrorífica dimensión, con tantas vidas sesgadas por la pandemia, pero todas suponen también una oportunidad para revelar nuestra calidad humana, tanto a la sociedad como ante nosotros mismos. Frente a cualquier adversidad y destino, uno siempre tiene la posibilidad de tomar el camino del optimismo, con fundamento o no, pero con la creencia de que hay mayor probabilidad de éxito cuando pensamos en positivo. Es así como en GRUPO PHI queremos enfrentarnos al presente y futuro. Con raza y actitud. Lejos de la contagiosa negatividad.  Porque sí, amigos, el optimismo también se transmite, y es tarea de todos alimentarlo con gestos, hechos y esfuerzo conjunto. Si actuamos de manera corresponsable, esta crisis económica puede resolverse más rápido de lo imaginable. Podéis contar con nosotros.

Isidro Hidalgo Pérez. Director General Grupo PHI  

Comparte en tus redes sociales:

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.