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Hace unos días un amigo al que le envío cada artículo que escribo me pedía que escribiera uno sobre los maridajes. Y es que, si bien los vinos podemos disfrutarlos solo – el vino – pero a ser posible siempre en compañía, los maridajes convierten nuestras comidas en experiencias enogastronómicas. Y para disfrutar de estas experiencias es importante tener un punto de sensibilidad, sabiendo apreciar lo que estás tomando y maridando. Pero hay tantos maridajes posibles como tipos de vinos que existen.

Voy a centrarme al menos en los que tenemos más a la orden del día. Los blancos, los rosados, los tintos, los espumosos y los generosos. Por cierto, que de los generosos a la hora de catalogar los vinos casi siempre son olvidados. Aún no entiendo la razón. Quizás porque lo ubican en vinos blancos, aunque no creo. Es cierto que los generosos se elaboran con uva blanca pero tienen las suficientes características diferenciales como para ordenarlos por otra categoría. También dentro de cada una de estas tipologías podemos encontrarnos vinos secos o dulces. Y ahí es donde va ahondar este artículo. Por cierto, un aviso para navegantes. Cada tipo cambia un poco dependiendo de la uva con la que se elabore. Sobre todo los blancos. Porque hay unas diferencias considerables entre un blanco de airén o palomino y un blanco de godello o moscatel. Las primeras uvas son más neutras, y más permeables y por el contrario, las segundas son mucho más aromáticas y sabrosas. Pero por lo normal un blanco marida estupendamente con un aperitivo donde puede haber chacinas, quesos, jamón ibérico, patatas, tortilla, aceitunas, etc. También son grandes acompañantes de arroces o pescados. Incluso con verduras marida muy bien los blancos. Ya sea una parrillada de verduras o unas judías verdes. Marida muy bien. Si optan por un blanco dulce o semidulce pueden saborearlo con comida japonesa o incluso con queso de cabra y cebolla caramelizada. La combinación es muy buena. Un blanco semidulce también podría maridar cualquier postre. Los blancos también maridan bien con las carnes. Aunque carnes menos potentes como el pollo o el cerdo.

En cambio, los tintos sí maridan muy bien con la carne. Y concretamente los de crianza combinan muy bien con las carnes de caza. Los tintos jóvenes pueden disfrutarse para tapear, al igual que los blancos. Suelen ser vinos frescos, ligeros y divertidos. Ya es elegir qué Denominación de Origen te gusta más o qué uva es tu preferida. Pero para ello les recomiendo buscar y tener esa sensibilidad para probar – sin prejuicios – de todo. Más de uno se llevará una sorpresa. Los tintos también maridan muy bien verduras o con pescados, especialmente con el pescado azul.

 Aunque el libro de los gustos está abierto. Los tintos dulces – un gran y reciente descubrimiento para mí – pueden ser por sí mismo un postre. Aunque también los recomiendo probar con cualquier carne al horno. Aportándole ese contraste. El rosado es un vino muy versátil. Puede acompañar tus comidas desde el aperitivo hasta el postre. Aunque yo lo prefiero con un almuerzo de tapas, entre amigos. Encaja muy bien con muchos platos. Es fresco, ligero y sabroso. Su maridaje sería más semejante a los blancos. La pasta, la pizza, las ensaladas o a los arroces le va genial. Los espumosos son vinos fantásticos para limpiar. Por lo tanto, son vinos fenomenales para pasar de plato. Un maridaje perfecto para el espumoso es el marisco, un tapeo, o pescaíto frito. También está muy rico con pasta y arroces. Olvídense ya del ‘topicazo’ espumoso tan solo en fin de año y para brindar. Los espumosos son vinos espectaculares para maridarlos con infinidad de platos. Con postres también funcionan, pero los prefiero para empezar una comida.

Y en cuanto a los generosos, la verdad que cada uno de sus tipos tiene un maridaje más concreto pero intentaré no extenderme mucho en este tipo de vinos. Los finos y las manzanillas son perfectos maridajes para un tapeo, un arroz, para pasta, ensaladas o frutos secos. Incluso se puede disfrutar toda una comida y no salir del fino o la manzanilla – vinos de crianza biológica. Concretamente el fino marida estupendamente con el jamón ibérico o el queso – a poder ser viejo – y la manzanilla con el marisco, especialmente con los langostinos de Sanlúcar. Respecto a los amontillados – que son vinos que aúnan la crianza biológica y la oxidativa – son perfectos para (casi) cualquier tipo de plato. Desde tapeo con queso, jamón, marisco o chacinas, pasando por un arroz, pasta, o algunas carnes como el conejo. Sin embargo, el mejor maridaje que aporta el amontillado es con aquellos alimentos difíciles de maridar. Como los espárragos o las alcachofas. Un cierre de comida con un postre compuesto por amontillado y queso también ‘quita el sentío’ como diríamos por estos lares del sur de España. El oloroso, aunque también marida con gran cantidad de platos se reserva para las carnes potentes o de caza. El cordero, el pato, o cualquier guiso son fantásticos para este tipo de vino. Tiene un cuerpo muy amplio que perfuma y llena la boca durante varios minutos. Y es un aliado perfecto para este tipo de comidas llenas de sabor. El palo cortado prácticamente igual que el oloroso. Con buena carne. Aunque también marida perfectamente con pescados, arroces, o verduras. Los generosos en general son vinos muy versátiles. Respecto a los dulces, ya sea dulces naturales como el pedro ximénez o el moscatel o bien dulces de coupage como el cream o el médium, son en sí mismos fantásticos postres. Aunque recomiendo que prueben cualquier tipo de queso con px o con un cream, o bien algún tipo de salazón. El contraste da un gran sabor. En cuanto al pale cream – un fino dulce – es quizás más disfrutable con maridajes semejantes a los blancos semidulces.

En definitiva, el mundo de los maridajes es un universo tan amplio y el libro de los gustos tan extenso que este tema daría lugar para varios artículos. De igual manera mi mayor recomendación es que siempre tengan un vino sobre la mesa para disfrutar de sus comidas y que tengan esa sensibilidad única que les hace apreciarlos sin mirar en la etiqueta de dónde son o a qué Denominación de Origen pertenecen. Además de sorprenderse, sabrán apreciar con mayor objetividad las bondades de los vinos del mundo.

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