
Cinco bodegas de la DO Terra Alta —Bàrbara Forés, Celler Piñol, Edetària, Herència Altés y LaFou Celler— han protagonizado en la Barcelona Wine Week 2026 la cata-presentación “Una nueva mirada al legado: cómo la Terra Alta revive su viticultura”, una sesión conjunta que ha puesto el foco en la Garnacha Blanca como variedad emblemática del territorio.
La cata ha planteado un diálogo entre tradición y futuro para reivindicar la autenticidad y la longevidad de la Garnacha Blanca, arraigada a un paisaje y a generaciones de viticultores, y para mostrar cómo el paso del tiempo afina su perfil en vinos de guarda y añadas históricas.
La sesión, moderada por la periodista y sumiller Ruth Troyano, ha reunido cinco voces que comparten un propósito común: posicionar la Garnacha Blanca de la Terra Alta en el mundo y, al mismo tiempo, profundizar en su conocimiento para crear vinos de gran expresión. Han participado Ramon Roqueta (LaFou Celler), Núria Altés (Herència Altés), Joan Àngel Lliberia (Edetària), Juanjo Galcerà (Celler Piñol) y Carmen Ferrer (Bàrbara Forés), quienes han destacado el valor del trabajo colaborativo sostenido en el tiempo para comprender cómo una viticultura honesta y los suelos —como el panal— influyen en el carácter de los vinos.
Una cata única de añadas históricas
La cata adquirió un carácter especialmente singular al reunir añadas históricas de Garnacha Blanca, con vinos de 8, 9 y hasta 10 años de evolución, algunos de los cuales ya no se encuentran en el mercado. Una oportunidad excepcional para comprobar la capacidad de guarda de la variedad y observar cómo el paso del tiempo armoniza los vinos, que comparten un perfil marcado por la profundidad, la tensión, la complejidad aromática y una frescura persistente, manteniendo a la vez matices propios según el origen, el suelo y el estilo de vinificación de cada bodega.
Tal como señaló Ruth Troyano, moderadora de la sesión, “es importantísimo proyectar internacionalmente el binomio Garnacha Blanca y Terra Alta y hacerlo como estos cinco celleros que han decidido sumar, mirarse cara a cara y no de reojo”. Asimismo, destacó la larga trayectoria de esta variedad, de la que se conserva una primera documentación escrita que data del siglo XVII.
La cata se abrió con L’Avi Arrufí 2018 (Celler Piñol), y Juanjo Galcerà puso el acento en la calidad que ofrecen las garnachas blancas y en la necesidad de creer en nuestro producto: “no tenemos nada que envidiar a los grandes vinos blancos de Borgoña”.
A continuación, con LaFou Els Amelers 2017 (LaFou Celler), Ramon Roqueta destacó que “tenemos diferentes tipologías de suelos, todas con un alto contenido calcáreo”, poniendo énfasis en la singularidad de los suelos de panal en la Terra Alta. “La enología es arte, es técnica y es ciencia. La parte artística es muy importante y en ella hemos querido buscar la frescura y la elegancia en nuestros vinos”.
Ante La Serra Blanc 2017 (Herència Altés), Núria Altés puso el acento en la sensibilidad de “abanderar la Garnacha Blanca”, afirmando que es “nuestra responsabilidad como homenaje a quienes nos precedieron”, y destacó que “pocas variedades ofrecen esta versatilidad, permitiendo vinificaciones tan distintas: rancios, brisados, dulces…”.
Con El Quintà 2017 (Bàrbara Forés), Carmen Ferrer subrayó que “en un contexto de sequía y cambio climático vamos abocados a una agricultura menos extractiva, de ahí la importancia de salvaguardar el paisaje y la biodiversidad, que son los elementos que nos aportarán valor”.
Para cerrar la cata, con Edetària 2016 (mágnum) (Edetària), Joan Àngel Lliberia hizo referencia a nuestro terroir, señalando que la Terra Alta “goza de un clima muy extremo que, junto con la influencia de los suelos calcáreos, aporta notas de TDN a los vinos”, siendo la Garnacha Blanca una de las pocas variedades del mundo que presenta este carácter.
Un discurso compartido desde miradas diversas
Durante la presentación, los cinco elaboradores coincidieron en destacar la profunda vinculación de la Garnacha Blanca con la Terra Alta y sus suelos, así como la importancia de una viticultura respetuosa y fiel al legado heredado para preservar su identidad como memoria emocional. Se hizo especial hincapié en la necesidad de conocer y reinterpretar las prácticas tradicionales con una mirada contemporánea, apostando por vinos de largo recorrido capaces de crecer con el tiempo. Desde trayectorias diversas, los participantes señalaron también el reto compartido de posicionar la Garnacha Blanca de la Terra Alta entre los grandes vinos blancos de referencia, en un contexto marcado por el cambio climático y un mercado cada vez más complejo, así como la importancia de comunicar mejor este valor en los distintos mercados y hacerlo de forma conjunta para llegar más lejos.