• Bodegas Carlos Serres renueva la imagen de todos sus vinos y de su identidad corporativa con el legado de su fundador como punto de partida.
  • Su gama prémium Onomástica pasa a denominarse Carlos Serres 1896 Finca el Estanque, en honor al viñedo origen de todos los vinos que la forman.
  • La firma centenaria recupera su marca histórica e icónica de Rioja, Carlomagno, de la que lanzará una edición limitada y exclusiva coincidiendo con la celebración de esta efeméride.
  • La bodega de Haro refuerza su compromiso con la sostenibilidad y el medioambiente, gracias a un vino ecológico de Tempranillo, y a la innovación, con su nueva categoría de espumosos de calidad de Rioja, un Carlos Serres Brut elaborado con Tempranillo Blanco, Chardonnay y Viura.

Haro, junio 2022. Bodegas Carlos Serres celebra, en este 2022, su 125 aniversario y, con motivo de la efeméride, renueva su imagen de marca. El nuevo etiquetado mantiene el reflejo de sus valores históricos y del terruño de Haro: una inspiración de cada una de sus iniciativas presentes y futuras, porque Carlos Serres bebe de un pasado que le ha permitido posicionarse como una de las 16 bodegas centenarias dentro de la DOCa. Rioja. 

A partir de esta revisión, se ha desarrollado una nueva imagen de marca (logotipo) y look and feel, así como un nuevo pack y etiquetado inspirado en este relato que, por supuesto, se aplica a su nueva plataforma digital www.carlosserres.com. El 125 aniversario también supondrá un refuerzo en el proceso de investigación iniciado hace años sobre el pasado de Carlos Serres y sus diferentes aportaciones a la historia de Haro y de Rioja en particular. A través de su nuevo eslogan de marca, Recuperando el Recuerdo, se esconde toda una estrategia que guiará todas las propuestas actuales y futuras de la firma centenaria.

Dentro de este contexto, y más allá del propio etiquetado para proyectar un mayor conocimiento de la marca Carlos Serres, el nombre de su gama más prémium, Onomástica, pasará a llamarse Carlos Serres 1896 Finca El Estanque. Un nombre que no es casual, porque unido a Carlos Serres aparece su año de fundación, 1896, así como el viñedo de origen de todos los vinos que componen esta gama,

Se trata de Finca El Estanque. Situada en Haro, a escasa distancia de la bodega, este pago de 60 hectáreas fue plantado parcialmente en 1980 (luego se amplió en los 90) y se convirtió en uno de los primeros viñedos de Rioja en cultivarse bajo el sistema de cultivo en espaldera. Además de esta gama icónica, tanto el Carlos Serres Reserva como el Gran Reserva, son elaborados con uvas de esta finca.

Entre las novedades, también nos encontramos un nuevo vino ecológico que atestigua el compromiso de la bodega con una viticultura sostenible y respetuosa con el medio ambiente: el tinto elaborado con Tempranillo procedente de viñedos cultivados bajo los parámetros de la viticultura ecológica situados en Rioja Alta. Además, el retorno al pasado en clave actual se perciben entre la burbujas del nuevo espumoso, Carlos Serres Brut, elaborado con Tempranillo Blanco, Chardonnay y Viura: una mirada a la tradición iniciada en los setenta con este tipo de vinos con la marca Delié, segundo apellido del fundador de la bodega.

CARLOMAGNO, EL REGRESO DE UN MITO. Carlomagno fue la marca icónica de Bodegas Carlos Serres. Fue su vino emblema, el más premiado, una etiqueta histórica que acompañó el devenir de la bodega centenaria de Haro prácticamente desde sus inicios. Formada por un tinto y un blanco, ambos siempre embotellados como especiales (fino extra, como se denominaba en la época), Carlomagno era un coupage elaborado a partir de diferentes vinos procedentes de municipios de Rioja Alta como Villalba o San Vicente de la Sonsierra, con una larga crianza en barricas de roble americano y posterior afinamiento en el botellero de la bodega. 

Presentado en botella borgoña, representaba el lado más sutil y refinado de todo su portfolio de vinos, muy diferenciado del más potente Carlos Serres Gran Reserva, de estilo más bordelés. La marca fue vendida a finales de los setenta a otra bodega, coincidiendo con un cambio en el estilo de los vinos y, Carlomagno, desapareció. Durante el proceso de investigación para el 125 aniversario, el equipo de Bodegas Carlos Serres recuperó una partida sin etiquetar de una de sus últimas añadas. Un vino nacido para ser Carlomagno, pero que nunca salió al mercado. Con esta información, se propuso intentar recuperar esta etiqueta de referencia y, después de diferentes negociaciones, consiguió su propiedad. Este 2022, coincidiendo con este 125 aniversario, Carlomagno volverá a ser la etiqueta mítica de Carlos Serres, con una edición limitada de una cosecha muy especial, la de 1970.

CARLOS SERRES, EL FRANCÉS QUE NO ABANDONÓ HARO. Y es que a finales de 1896, Haro tomaba el pulso a una contradicción. La filoxera que arrasaba Francia y sus viñedos había posibilitado un movimiento empresarial hacia la villa jarrera donde enólogos, comerciantes y emprendedores franceses convertían a este municipio riojano en uno de los epicentros del vino a nivel mundial. Aquel terruño escondido dedicado a la vitivinicultura de forma artesanal veía como, en apenas una década, se elevaba, por su similitud a Burdeos y su cercanía, en una nueva milla de oro. 

Carlos Serres, Charles en francés, había aterrizado en Haro en 1885 en busca de una oportunidad. Su ferviente proyección comercial y su conocimiento del mercado, le permitió convertirse en una figura esencial durante aquellos años. Primero, colaborador, luego, accionista, hasta que en diciembre de 1896 se hacía cargo de una bodega que elevaría su nombre a la eternidad, BODEGAS CARLOS SERRES. Carlos Serres ya no abandonaría Haro jamás. Se convirtió en el único francés vinculado al vino que se quedó para siempre.

Fue en el Barrio de la Estación de Haro, en un pequeño edificio, donde comenzó esta pequeña historia, en lo que luego sería Bodegas Lacort y, hoy, Bodegas Muga. Luego vendría ese primer traslado al centro del municipio para acabar, en 1968, en su ubicación actual. Cambios de generaciones familiares, entradas de otros accionistas, idas y venidas, lastraron la proyección de su marca hasta que en el año 2002 la Familia Vivanco se hizo con la totalidad de la compañía con una única misión: recuperar el legado de Serres y el carácter de una de las bodegas históricas de Haro.

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