Juan Martinez, propietario de Bodegas El Gato
 

Bodegas El Gato es el fruto de los años de trabajo de Juan Martínez, su propietario. Con 84 años sigue pasando cada día entre las botas que resumen una vida ligada a los vinos generosos y a la Tintilla de Rota, una variedad que siempre ha luchado por mantener. En los ojos de Juan Martínez se aprecia su ilusión, seguramente intacta desde el primer día en el que su padre hiciera nacer el primer vino de sus soleras. Aunque él ha sido el artífice de todo lo que hoy significa Bodegas El Gato en la pequeña Villa de Rota, se considera uno más. Reconoce con humildad que “ha tenido suerte” aunque comprobando su trabajo y el sabor de sus vinos es fácil reconocer que Juan Martínez ha sido, es y será siempre un currante. De los que no da nada por perdido y de los que apuestan por un propósito hasta conseguirlo. Esa es quizás la clave de su éxito. Bodegas El Gato, que además debe su nombre gracias a su fundador, el padre de Juan Martínez, quien decían los antiguos del lugar que siempre iba acompañado de un gato. Así fue como empezaron a llamar a su bodega, la Bodega del que va con el gato y con los años se le quedó Bodegas El Gato.

En su pequeño despacho repleto de fotos, anécdotas y una gran lámina dibujada a grafito en la que aparece él con sus tres bisnietos, Juan me cuenta que su madre falleció cuando él era joven y que siempre vivió con su padre, al que considera el mejor amigo, confidente y persona que ha conocido.  Su padre tenía un campo, donde hoy es uno de los límites de la Base de Rota. En ese campo, tenían unos viñedos, algunas botas donde hacían su vino y un pequeño almacén donde lo vendía.  Cuando llegan los americanos para instalar la Base – tenía Juan Martínez por entonces dieciséis años. Poco después se trasladan a la avenida de San Fernando en el número 30, donde trasladan las 15 botas aproximadamente que tenían allí. Ahí montaron su Lagar y empezaron a comercializar muy cerca de donde ahora mismo se ubica.

Botas de Bodegas El Gato

Juan Martínez se emociona al hablar de sus hijas y de sus nietas porque “ellas me han dado muchos ánimos para continuar” y sobre todo ver funcionar la Bodega gracias a ellas, por lo que “me siento el hombre más feliz”. Reconoce que pensaba dejarlo cuando cumplió los cincuenta años pero que sus hijas tomaron el testigo muy bien y ahora incluso parte de sus nietas son quienes sacan adelante a la bodega. La cuarta generación de una Bodega con un futuro muy prometedor. En los años 80, ya con la ayuda de sus hijas, Bodegas El Gato ya en la ubicación actual – donde están desde 1960, fecha de las botas de su pequeña sacristía (la bodega tiene fijada su fundación en el 1957) adquiere en la zona industrial de Rota unas instalaciones donde se encuentran las criaderas y las soleras, el Lagar y todo lo necesario para la crianza de vino. Actualmente poseen unas 300 botas de roble americano para la elaboración de sus vinos.

Sacristía de Bodegas El Gato

Juan Martínez ha sido un bodeguero multifuncional ya que ha hecho prácticamente de todo. Ha sido y es su enólogo, su comercial, su jefe de etiquetas, de trazabilidad, de administración…
Juan afirma que tuvo suerte de encontrar a una mujer que estaba casada con uno de los mejores químicos de la provincia, que era D. Luis Funes, “y a ese hombre le caí en gracia y me enseñó muchísimo”. También tuvo más tarde, dos o tres capataces de bodegas importantes del Marco de Jerez, quienes le dieron muchos consejos. Y confiesa que también visitando algunas bodegas ‘encontró’ ideas interesantes para la suya.

Se puede decir que Bodegas El Gato es el gran embajador de la Tintilla de Rota. Ellos han continuado plantando esta uva autóctona en la zona y nunca han dejado de hacerlo. De hecho, en la Villa de Rota existían bastantes bodegas y actualmente solo permanece El Gato. Son sus vinos de esta variedad los que le dan la fama. Y a mucha honra. Juan Martínez me comenta que tienen viñedo en los tres tipos de suelo del Marco: arenas, barros y albariza. Y que su máximo empeño es seguir plantando Tintilla de Rota. “Empecé pisando para media bota y ya tenemos más de 20. Nunca entendí que se pudiera perder nuestra uva y así sigo pensando”. Cuando le pregunto por la mayor parte de viñedo que poseen me reconoce que es “Tintilla de Rota. Incluso estoy arrancando plantas de Palomino Fino para seguir plantando Tintilla. Es nuestra uva reina”.

Caminando por el pequeño casco de Bodega de la Avenida de San Fernando, 40, donde se encuentran sus actuales instalaciones y donde poseen unas treinta botas, Ana Navarro su joven enóloga y cuarta generación de la Bodega me cuenta que apuestan por un vino dulce de Tintilla de Rota. Y está realmente bueno, tanto el joven como el solera. Les animo a disfrutarlo, se sorprenderán. Ana Navarro, aunque lleva más de cuatro años trabajando y aprendiendo de su abuelo en la Bodega ha ‘disfrutado’ de su primera vendimia a su cargo, ya que lleva como enóloga de la misma pocos meses. “La vendimia ha sido más corta de lo normal, porque se ha cortado menos uva y además se ha adelantado bastante. Ha sido una vendimia un poco intensa pero la he llevado con una gran satisfacción”. En un futuro cercano están probando la elaboración de nuevos vinos, secos y semidulces para seguir sorprendiendo al mercado. Gracias a Ana Navarro he podido probar tres vinos de su solera fundacional, datada en 1960 según el rótulo que poseen algunas de sus botas. Disfruté del PX Reserva. Un PX fino, delicado y con una gran potencia en boca, pero sin empalagar. Muy fresco. Un vino ideal para saborearlo maridando los famosos contrastes del queso viejo o salazones. También probé la Tintilla Reserva. Una de lo más sorprendente es su color, burdeos apagado y anaranjado. En boca es ligeramente más fino que el PX, con un gran dulzor y un muy buen fondo y retrogusto. Se nota que en Bodegas El Gato llevan bastantes años perfeccionando su Tintilla de Rota dulce. Riquísima. Finalizamos la cata con un amontillado realmente espectacular. Un vino de una pequeña botita que Ana Navarro reconoce que hasta hace bien poco tan solo tenían derecho a probar su abuelo – Juan Martínez – y el cura de la Iglesia del Carmen, por ser gran amigo de la familia. Y desde hace unos meses, en sus labores de enóloga ella. Un amontillado muy potente en nariz y mejor en boca, realmente profundo e ideal para deleitarse con él solo y con tiempo.

Con ella en las labores de bodega también encontré a Laura López, prima de Ana Navarro y también cuarta generación de la Bodega. Laura López lleva ya quince años en Bodegas El Gato encargándose de las labores de trazabilidad, Imagen, Marketing, etiquetado, etc. Lleva un poco de todo pero “se lleva bien”. Laura me cuenta que lo único que aún no tienen en marcha debido a la pandemia son las visitas enoturísticas por la Bodega que son a partir de los 10 euros y que se les hace un recorrido por la misma, terminando si así lo desean los visitantes con cata, comida o espectáculo flamenco.

Bodegas El Gato, además de las instalaciones en la zona industrial y de la Bodega que les sirve de ‘despacho de vinos’ también poseen junto a esta una licorería y al otro lado una de las tres tabernas que tienen en Rota. En definitiva, Bodegas El Gato es una bodega roteña cargada de historia, de esfuerzo e ilusión gracias al empeño de su propietario Juan Martínez.

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