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Andalucía es una Comunidad conocida por su agricultura. Rasgo característico de la buena gastronomía que podemos disfrutar en sus bares y restaurantes. La región más grande de España donde viven más de ocho millones de personas es admirada por sus campos de olivo, su trigo, sus naranjos y entre otras actividades agrícolas por su viñedo. Unas vides que abarcan el norte y sur, este y oeste de toda la Comunidad andaluza. Viñas que peinan todo su territorio y donde crece uva amparada por 8 Denominaciones de Origen Protegida y por 16 Indicaciones Geográficas Protegidas.

Andalucía es tierra de vinos. Principalmente nacidos de uva blanca ya que aunque también posea grandísimos vinos elaborados con uva tinta, su reflejo en la enogastronomía es una tierra de vinos blancos. Si tenemos en cuenta que Denominaciones de Origen como Jerez, Manzanilla de Sanlúcar, Montilla Moriles y Condado de Huelva suponen más del 90% del vino que se produce en Andalucía podemos confirmar sin ninguna duda que Andalucía es tierra de vinos de uva blanca. Tomando dichas Denominaciones de Origen como ejemplo: la uva predominante de Jerez y de Manzanilla de Sanlúcar es la Palomino Fino (blanca). La de Montilla Moriles la Pedro Ximénez (blanca) y la del Condado de Huelva la Zalema (blanca).

Andalucía tierra de vinos de uva blanca ya que hay que tener en cuenta que los vinos generosos tradicionales, aunque gran parte de los mismos tengan tonalidades oscuras tales como ámbar o azabache son elaborados con uva blanca. Los vinos de crianza biológica darán más cuenta de esa uva blanca al permanecer pálidos gracias al resguardo del velo de flor y los vinos con crianza oxidativa irán tornándose a mayor tonalidad de ámbar según sus años. Los Pedro Ximénez, al asolear su uva – principalmente en las paseras de Montilla-Moriles- son vinos elaborados con uva pasificada y debido a la densidad del azúcar como tal, aparecerán oscuros y también según su crianza, con una tonalidad mayor. Pero nunca hemos de olvidar que son de uva blanca.

Andalucía es verde y blanca también por sus campos de viñedo en consonancia con su suelo, que al verse reflejado con el sol se transforma en un grandísimo aliado para el cultivo de la vid, ya que este consigue que los rayos se reflejen en las uvas para que alcance su madurez óptima allá por los meses de agosto y septiembre. Suelos en muchos territorios de albariza, pero también desérticos, arcillosos, franco arenosas, salinos de las marismas o pardos. Suelos que dan vida al viñedo. Suelos que alimentan al fruto que años más tarde se convertirá en el vino que bebamos.

Tierra de vinos extraordinarios, en definitiva.

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