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Caminar por Alvear, ya sea por su viñedo, lagares o cascos de bodega, es ahondar en la historia bodeguera de Montilla. Un recorrido por las entrañas de la bodega más antigua de Andalucía que hunde sus raíces, allá por los principios del siglo XVIII, concretamente en 1729. Alvear es pasión, tradición, es familia y es cultura. La cultura vitivinícola de una D.O. Montilla Moriles que sigue muy viva gracias a la constancia de bodegas como Alvear que continúan su andadura en la elaboración de grandes vinos con el paso de los años. Actualmente, regentada por Fernando Giménez Alvear, octava generación de esta bodega centenaria.

Este jueves he podido visitar esta emblemática Bodega gracias a Gemma Verdaguer, Alto Cargo e Ingeniera Agrónoma y de Patricia Calero, Responsable de Marketing y Comunicación de Bodegas Alvear, quienes me han ofrecido un trato excelente y me han ilustrado a la perfección toda la idiosincrasia de esta Bodega.

Para entender Alvear y la grandeza de sus vinos hay que visitar sus viñedos. La Bodega posee más de 100 hectáreas de viñedo repartida entre unas 50 propias y otras tantas de pequeños viticultores. Todas ellas cultivan la variedad Pedro Ximénez, autóctona y predominante en la Denominación de Origen,  en viñedos catalogados por calidad superior, gracias a su situación y su extraordinaria albariza que cubre de blanco su terruño y principalmente situados en la que es conocida como la Sierra de Montilla. Se dividen las plantaciones entre espalderas y vasos y la vendimia – que está actualmente en marcha – es al 100% manual. Una parte importante de la producción de Alvear son los PX de añada y de crianza. Para ello asolean la uva en grandes esplanadas en la misma Sierra, muy cerca de su lagar emblemático de Las Puentes. Este asoleo que aunque depende del año suele durar en torno a una semana, concentra los nutrientes y el azúcar de las uvas y tras la extracción de sus mostos, permanecen durante dos años decantando en tinajas. Así es como llevan elaborando durante siglos sus famosos Px de añada. Pero no quiero adelantarme. Junto a estas paseras, donde se asolea la uva Pedro Ximénez, se encuentra el ya mencionado Lagar de Las Puentes. Unas instalaciones junto a los viñedos donde se recibe a la uva vendimiada, se despalilla y se extraen los mostos en prensas neumáticas – dos grandes y seis pequeñas (estas últimas casi desaparecidas en las bodegas). Los mostos, son trasladados mediante una canalización en el suelo – todo es muy tradicional y les honra continuarla – a las diferentes tinajas para su fermentación – o bien a los depósitos de acero inoxidable. Las tinajas utilizadas para tal fin son más de 400, no llenándolas hasta arriba de una sola vez y sí haciéndolo poco a poco, para lograr una buena fermentación de los mostos que sea equilibrada y de manera gradual. Una parte de estas tinajas poseen planchas de frío para lograr controlar la fermentación mediante la temperatura. Son estas tinajas las que fermentan los mostos que con el tiempo se convertirán en el vino Tres Miradas, un proyecto en el que Alvear está poniendo muy en valor el viñedo, es decir las distintas parcelas donde nacen las uvas que componen sus vinos: Cerro Macho, La Viña de Antoñín, etc, y destacar el vino que se tomaba en el pueblo, de ahí su definición como vino de pueblo. En definitiva un proyecto que prioriza el origen. Por su parte, otros mostos fermentan en grandes tanques de acero inoxidable con temperatura semi –controlada, ya que se enfrían con láminas de agua que circula por el exterior de los mismos. En otra de las salas, que en un futuro se convertirá en uno de los puntos de un interesante proyecto de enoturismo en Alvear, maceran actualmente cuatro grandes cubos con pieles de uva, que servirán para diferentes estudios que la Bodega tiene entre manos. 

Ya en la sede central de la Bodega, donde se encuentran las oficinas y el tren de embotellado, Alvear posee dos prensas verticales o también llamadas Muñecos. Estas prensas constan de diferentes planchas de esparto (o sucedáneo) cubiertas de uva px ya prensada. Estas planchas son unidas una encima de otra de manera vertical y se prensan para obtener el mosto de la Pedro Ximénez. Es una práctica tradicional y muy bonita de ver y disfrutar ya que es impresionante el lloro de la uva entre las planchas de esparto. En este aspecto, Alvear posee las dos prensas verticales más antiguas de Montilla Moriles que siguen utilizándose en la actualidad. Muy cerca de donde se ubican, está la bodega de tinajas del PX de añada. Un gran mar de tinajas donde, como he comentado anteriormente, están los PX de añada al menos dos años para su decantación. Frente al edificio de las oficinas se encuentra la Bodega Monumental, también conocida por ser la bodega de su conocido Fino CB, llamado así por su reconocido Capataz Billanueva, quien marcaba con sus iniciales (CB) las botas que contenían los mejores vinos de la Bodega. Un impresionante casco con más de 1300 botas que crían bajo el sistema de soleras y criaderas. Junto a este casco, se ubica la Bodega del Trabajadero donde crían bastantes botas de PX, teniendo sobre estas algunas botas de PX de añada. Colindante a esta bodega, se encuentra una alargada oscura pierna de botas (llamada en Montilla – Moriles cachón) de botas de oloroso entre ellos el viejo que en botella conocemos como Asunción.

De la mano de Gemma Verdaguer y Patricia Calero he podido catar cinco vinos de esta conocida Bodega montillana. Cinco grandes joyas vitivinícolas cada una con unos rasgos bien diferenciados. Todas ellas elaboradas con la uva rey de Montilla, la Pedro Ximénez. En primer lugar he podido disfrutar de Tres Miradas. Un vino excepcional, que transmite perfectamente la albariza de gran calidad de donde nace su uva. Es un vino cuya salinidad – muy marcada – ya se nota en nariz. Un vino que sabe a la Sierra de Montilla. Un vino que transmite y transporte a su origen. Un gran blanco de Alvear. También he disfrutado de Marqués de la Sierra, un blanco de mesa, perfecto para iniciarse en el vino. Aunque es fresco y agradable en boca, donde destaca la variedad Pedro Ximénez, también tiene un ligero recuerdo a su tierra albariza. El tercer vino, ya con crianza biológica en madera de roble americano ha sido el Fino en Rama. Un vino realmente extraordinario. Nacido de botas seleccionadas de Fino CB, las cuales se alargan ligeramente en su crianza y tras un leve filtrado de seguridad, van a botella, sin pasar por ningún proceso de filtrado, ni frío, ni estabilización. En este vino destaca mucho la levadura y el sabor, que sin tener una acidez tan marcada, envuelve toda la boca. Un gran vino para sorprender en cualquier ocasión. Finalmente hemos disfrutado de dos vinos dulces. El PX de añada de 2015 y el PX de crianza de Alvear. El PX de añada es un caramelo en la boca. Transmite perfectamente la pasera donde asolea la uva, ya que su sabor es prácticamente el mismo. No empalaga absolutamente nada, y es fresco y agradable. Otro vinazo sin lugar a dudas. En cuanto al PX de crianza, es ligeramente más denso. Tiene notas muy destacadas a chocolate negro, a café y a regaliz. Y es el vino perfecto para maridar con queso viejo, logrando uno de los mejores contrastes enogastronómicos.

En definitiva, este paseo por el camino de la uva que recorren los vinos de la emblemática Bodega montillana Alvear, me ha transportado en el tiempo. Caminando desde el origen donde he camuflado mis zapatos en la blanca y tosca albariza, pasando por las paseras de la PX donde el sol de esta zona de Andalucía transforma la uva en pocos días en pasas, disfrutando como llega la uva al lagar, se prensa horizontal y verticalmente y su mosto fermenta en las tinajas y tanques, oliendo y saboreando los aromas de las bodegas y haciendo soñar a mis papilas gustativas con los matices de sus vinos. Sin duda, Alvear es una Bodega que transmite la pasión compartida y heredada con el paso de los años de sus distintas generaciones.

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