El Mundo en la Mesa

 Andrew J Linn

La forma de elaborar el vino ha cambiado poco durante siglos, y solo ha habido pequeñas mejoras y ajustes por motivos básicamente económicos o impulsados por el mercado. Es el proceso de maduración el que está actualmente bajo la lupa, tal vez debido a que supone la etapa más onerosa económicamente de la producción. El envejecimiento convencional utiliza costosas barricas de roble, por lo que, como era de esperar, la búsqueda de alternativas ya estaba en marcha desde hace tiempo. 

Lo cierto es que el tiempo es dinero, y hay que preguntarse qué pasaría si el proceso de maduración pudiera acelerarse hasta el punto en el que un vino de dos años lograra desarrollar las cualidades de uno de diez. En tales circunstancias, el asunto del almacenamiento dejaría de ser un problema financiero. Pues bien, recientemente se han desarrollado métodos hi-tech para provocar el envejecimiento rápido del vino, y yo mismo he tenido la oportunidad de colaborar en algunos ensayos al efecto con una universidad estadunidense. Los resultados iniciales apuntan con certeza a la probabilidad de que el proyecto resulte sumamente viable a todos niveles. Se trata de un aditivo cuyas propiedades no influyen el carácter del vino y que también hace su magia con las bebidas espirituosas. He aquí que podemos tener un vino o un whisky añejo de la ‘edad’ que hayamos elegido y con un importante ahorro económico. Ya superada la etapa técnica, queda la parte mas complicada. ¿Qué preferiría el comprador: ¿una añada autentica y algo caro u otro caldo similar en todos los aspectos, pero mas económico de precio?

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