Es una realidad que para poder transmitir algo con clara fidelidad hay que conocerlo, palparlo, sentirlo y disfrutarlo. Y eso es lo que hice este pasado fin de semana en la DO Jumilla. Quería comprobar con mis propios ojos y vivir con todos los sentidos aquellos parajes a los que nos trasladan sus vinos cuando los bebemos en cualquier parte del mundo. Y así fue.

Quizás lo más sorprendente fue comprobar cómo una tierra sin apenas nutrientes, como la caliza que baña los campos en mayor o menor altitud de toda la sierra que abarca la D.O. Jumilla es capaz de ser el terruño ideal para una uva  – la monastrell – que da tanto con tan poco. Y también otras uvas como la syrah, la petit verdot o las blancas moscatel de grano menudo o la airén son capaces de sobrevivir en un terreno tan pedregoso. Porque en ocasiones son verdaderas piedras que incluso dificultan caminar entre las cepas. Un viñedo literalmente en gran medida en medio del campo. Y en ese campo se pueden respirar algunos de los aromas que cuando descorchamos un Jumilla podemos apreciar en el vino. Esos matices a romero, a hinojo, a matorral… Todo está ahí. Y gracias al mimo de los viticultores con su trabajo cada año, podemos disfrutar de unas joyas enológicas que debieran estar en un lugar aún más alto del que se encuentran. Porque Jumilla tiene grandes vinos, ideales en todas sus tipologías para maridarlos con cualquier tipo de plato. Fíjense si lo que les digo es cierto que he de confesarles que los rosados han empezado a apasionarme cuando he probado los de Jumilla. Frescos, sabrosos y divertidos. Cada bodega con su toque personal. Pero con un denominador común que los hace únicos.

Concretamente pude visitar parte del viñedo de las Bodegas Pío del Ramo, una bodega familiar situada en el pueblo de Ontur – en la provincia de Albacete pero lindando prácticamente con la Región de Murcia. De la mano de su enólogo, Agustín Miñana pude disfrutar de la monastrell – entre otras uvas – en toda su esencia. La cepa de la monastrell se vale por sí misma. Porque su tronco y sus brazos (entre tres o cuatro) son lo suficientemente robustos para sostener por sí misma las yemas que sostendrán a los racimos. Una uva que hará que Jumilla sea una de las Denominaciones de Origen con la vendimia más larga. Ya que empieza normalmente en agosto con las uvas blancas y se puede prolongar hasta primeros de noviembre para que la monastrell obtenga la maduración necesaria para ser vendimiada. Como saben esta uva autóctona ocupa la mayor parte del viñedo de la D.O. Jumilla y su producción es corta ya que las condiciones climatológicas suelen ser muy áridas y la planta se estresa mucho por lo que da una producción muy baja pero normalmente de gran calidad. Agustín también me enseñó uno de los tesoros de Pío del Ramo. Un viñedo a unos 750 metros de altitud y literalmente en medio del campo. Ya en bodega pude disfrutar de una selección de sus vinos – de grandísima calidad – entre los que destacó un chardonnay de barrica y un coupage de monastrell, Syrah y Cabernet con 18 meses en barrica y otros 18 en botella llamado Alont.

A unos 10 minutos de Ontur se encuentra Fuente – Álamo y en las afueras de este pequeño pueblo se ubica la Bodega San Dionisio. Una gran cooperativa con 700 viticultores cuyas instalaciones llaman la atención del visitante por sus numerosos depósitos. Las barricas, como la mayoría de las bodegas de la D.O. Jumilla la tienen subterránea y en ellas descansan vinos tan buenos como el crianza Mainetes. Aunque de esta bodega no pueden dejar de probar el espumoso rosado Polémic@. Les sorprenderá seguro. Y su gran selección de vinos jóvenes. Como el tinto joven de Monastrell Señorío de FuenteÁlamo 2019, recientemente premiado con el premio Baco de Oro o el Rosado de Monastrell ecológico Señorío de FuenteÁlamo designado como el mejor rosado de España en 2020.

En esta visita a la D.O. Jumila, corta pero provechosa he podido conocer varias bodegas. Como la de Silvano García, actual presidente de la D.O. Su bodega está ubicada en la entrada a la ciudad de Jumilla. Aunque esas instalaciones están siendo adecuadas para convertirlas en bodega enoturística, con una sala de aromas realmente espectacular y unos depósitos de cemento al descubierto. La bodega de envejecimiento – por así decirlo está ubicada a las afueras de Jumilla y estoy seguro que será una bodega de referencia por su ubicación estratégica y su amplitud. Desde allí, se puede disfrutar de una vista panorámica de Jumilla con su castillo – que perteneció al Marqués de Villena – en lo alto de la montaña.

La visita a Bodegas Juan Gil me dejó fascinado. Pero más allá de sus instalaciones modernas y con la última tecnología, como la planta de Vendimia, los depósitos o su bodega con más de 8000 barricas, me encantó la historia de los hermanos para crear lo que hoy en día en uno de los grupos bodegueros más grandes de España.  Una visita guiada magistralmente por Mª Carmen, su responsable de enoturismo, quien además me concedió la oportunidad de conocer la bodega del Nido. Como saben, El Nido es uno de los vinos insignia del Grupo Gil Family. Un vino que se elabora muy cuidadosamente y que nace del fruto de su cuidada elaboración. El vino a su vez, descansa en unas 1000 barricas. Todo un lujo al alcance de muy pocos.

Mª Carmen, al igual que Silvano García y todas las personas que me recibieron en sus bodegas fueron un encanto. Sin duda, otro de los aspectos que me llevo de Jumilla es la calidad humana de su gente. En Pío del Ramo, Agustín me habló muy bien de Rubén, el enólogo de San Dionisio. Y a su vez, Mª Carmen me habló fantástico de Elena, propietaria de Viña Elena donde terminaría mi viernes maratoniano entre bodegas por todo lo alto. Las bodegas Viña Elena están ubicadas a las afueras de Jumilla en la carretera hacia Murcia. En ella pude conocer el proyecto Bruma, una idea dirigida codo con codo entre Elena e Isio Ramos donde se pone en valor las diferencias entre unos vinos y otros según en las parcelas donde nazcan sus uvas. Y esta cena maridada se hizo al aire libre, en un jardín precioso de la bodega, entre olivos. Con luz tenue y con las explicaciones de Isio y Elena. Todo un lujo. Al igual que poder comprobar que el primero de los vinos que probamos – el Paraje de Encebras – estaba elaborado con Airén que había sido criado bajo velo de flor en damajuanas. Una maravilla que ya me dejó con la bocabierta toda la noche. Por cierto, la cena la sirvió el Restaurante La Bien Pagá de Murcia. Y el menú estuvo exquisito. Su propietario, David – sevillano afincado en Murcia es un gran enamorado de los vinos de la Región. Y apuesta por ellos en su restaurante. También me confesó que era un gran amante de los vinos de Jerez. Con él iba Antonio Chacón, un gran conocedor de los vinos de toda España.  Tengo ganas de volver a disfrutar de su gastronomía.

En general toda la gastronomía que pude degustar fue de gran categoría. Como los platos del Restaurante Los Tres Soles de Jumilla – que por cierto tiene una amplia selección de vinos por copas de la Denominación de Origen (como tendría que ser en toda hostelería de una zona con grandes vinos). O como el buenísimo restaurante jumillano De Loreto, donde la calidad del producto es sencillamente espectacular. A una relación con su precio incomparable y donde también apuestan por una gran carta de vinos de la tierra.

El sábado desperté con la visita Premium a Luzón. Una bodega que se encuentra a la entrada de Jumilla. Comienza desde la viña y recorre las diferentes estancias de la bodega. Donde destacan los distinguidos cascos subterráneos de la misma. Especialmente el llamado la Catedral y el Santuario. Pero toda la bodega en sí es preciosa. Me sorprendieron los botelleros de cada una de las bodegas, donde descansa el vino haciendo su particular crianza en botella. Mi última parada – en este viaje – tuvo lugar a los pies de la Sierra del Carche. Con un anfitrión de categoría, David Ferraje, miembro de la familia de Bodegas Carchelo. Aunque todo empezó en el Paraje de la Sierra de Hermanillos. En el viñedo viejo de monastrell de bajo rendimiento de la Bodega Carchelo. Renombrado por el propio David como “viñedo heroico de secano rabioso”. Un viñedo de piedras de caliza a unos 600 metros de altitud y con unas copas de Carchelo rosado bien fresquito. Así me recibía David, mostrándome desde aquella viña de suelo pedregoso – donde era difícil andar – el skyline de Jumilla entre las montañas. Un paisaje espectacular tan solo empañado por el calor que ya hacía en las horas centrales del día de aquel sábado de julio. Cuanto más lo veía, más sorprendente me parecía que aquel viñedo de monastrell soportara aquellas temperaturas. Precisamente es un viñedo de baja producción, donde se vendimia a mano en cajas pequeñas y donde se obtienen las uvas mediante una selección muy exhaustiva para elaborar su vino Muri Veteres. Ya en la bodega pude ver dónde realiza sus dos fermentaciones precisamente este vino. Lo hace en unas barricas en forma de cubo con madera de roble francés. Una vez entran las uvas, con bazuqueos muy suaves van consiguiendo que ese vino se vaya haciendo hasta que se traspasa el vino a las barricas tradiconales de roble francés. En Carchelo me encanta su imagen de marca, de rayas negras y blancas. Muy destacado también el poder probar el vino Vinamaris Selected 2012, característico por tener parte de su crianza bajo el mar – el vino sumergido fue Carchelo Selecto 2012, puntuado con 93 puntos por Wine Spectator. Un vino realmente extraordinario tras su envejecimiento en el mar. Una idea genial de Bodegas Carchelo.

Esta es tan solo una selección al azar de las grandísimas bodegas que trabajan cada día para que los vinos de la DO Jumilla estén en los primeros puestos de la demanda de los consumidores. Ya es hora de quitarse los estereotipos del pasado y apostar por vinos de calidad, como los de Jumilla. Y si tienen oportunidad, no pierdan la ocasión de levantar la mano en un bar y decir ¡Un Jumilla, por favor!.

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