Se abre un nuevo año, nueva década que en la que fue igual del siglo pasado se dio a llamar la década de los felices años 20, aunque terminaron con el famoso crac del 29. Esperemos que solo se cumpla en el sector del vino la primera parte de lo que fue esa década y no la última. Pero vamos a lo más inmediato, que es lo que nos interesa. ¿Cómo se plantea este nuevo año en el sector vitivinícola español?

Estamos en una campaña corta si miramos la cantidad vendimiada, que, por ahora, se estima en 38 millones y algo de hectolitros, pero no tan corta si vemos los excedentes que nos dan, y que a noviembre superaban los 63 millones de hectólitros. Con algo más de 8 millones más que los que teníamos en esa misma fecha el año pasado, por lo que, si sumamos, aunque la cuenta no es exactamente así, tendríamos entre 45 y 47 millones.

La campaña empezó alta de precios, las pretensiones altas y las operaciones que se iban haciendo los confirmaban, sobre todo a la exportación.

En estos momentos, sin embargo, la alegría inicial del mercado casi ha desaparecido, los mercados están, como vulgarmente se dicen renqueantes, y los precios han cedido algo con respecto a los iniciales, si bien es poca la cantidad cedida ya que, a decir verdad, y sobre todo en el sector cooperativo, ha firmeza en las pretensiones y no se cede en precios.

Es cierto que la demanda ha bajado bastante, sobre todo la de los mercados internos, se compra poco y lo que se compra es para cubrir las necesidades más cercanas en el tiempo, para un mes, dos a lo máximo, el comprador de vino no se quiere meter en compras para todo el año a precio fijo, indudablemente porque espera una bajada en los precios de los vinos. Luego bajaran o no, pero la jugada que hacen es a esa carta, el tiempo dará o quitará razones.

En los mercados internacionales pasa tres cuartos de lo mismo. Argentina nos ha hecho mucho daño, dentro de sus posibilidades, ya que ha vendido a precios muy baratos, de hecho, ha incrementado en 2019 sus exportaciones en un 13,6% según publican hoy mismo. Italia, en su postura, igual, con precios ligeramente más bajos a los españoles en muchas operaciones, nos quitan operaciones de Francia, Alemania, etc. Aunque en este aspecto seguimos en los niveles que se pueden llamar normales de cada año, en los que siempre varia algo en más o en menos, tanto en volumen, como en importe, en función de cómo estén estos mercados internacionales

No obstante, yo estimo y creo que la deriva de esta campaña, una vez más, va a estar muy influenciada por la climatología. Venimos de una cosecha corta, es cierto, pero al llover mucho en primavera la viña hizo madera y está descansada, por lo que, si la lluvia acompaña, como hasta ahora está haciendo, la cosecha puede ser mayor, si no lloviera y la sequía se acrecentara en este invierno y próxima primavera, ocurriría lo contrario, la cosecha podría ser muy mala. Pero ya les digo que por las perspectivas que se van viendo la mayoría apuestan por una cosecha superior a la actual, de ahí viene el retraimiento en la demanda que tenemos.

Vamos a ir viendo como se va desarrollando el corto y medio plazo, de aquí hasta brotación, enero, febrero y marzo, meses, como yo digo, que anochece pronto y que a veces hay días sin que nadie se interese por el vino, son meses en los que tampoco suelen ocurrir muchas cosas a no ser que haya algo extraordinario, el mayor interés vuelve, como cada año, una vez que la brotación apunta, allá por abril y mayo.

Se lo iremos contando.

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