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Estos días atrás hemos conocido que el famoso periódico norteamericano ‘The New York Times’ ha seleccionado al rebujito como la mejor bebida veraniega de todos los tiempos. Para quien no conozca el término rebujito le diré que es una bebida compuesta por un tercio de manzanilla o fino (vino de crianza biológica) y dos tercios de refresco de lima limón.

Aunque a priori es una buena noticia que sea una bebida compuesta por vino español una de las preferidas de los lectores de este rotativo estadounidense, me cuesta comprender cómo es posible que permitamos tal mezcla que infravalora un producto de tanta calidad. Es cierto que el rebujito hace vender muchas cajas de manzanilla o fino, principalmente en las ferias que se celebran sobre todo en el sur de España pero no podemos olvidar que lo que se está mezclando con refresco es un vino criado durante al menos 2 años – en el peor de los casos. Un vino procedente de un mosto envejecido en barricas de unos 500 litros, donde ha nacido un velo de flor que les ha permitido tener todas las características de estos vinos de crianza biológica. Vinos con una elaboración cuidada y mimada desde el momento de la vendimia de su uva palomino fino o pedro ximénez. Vinos que presentan un aspecto pálido, con una nariz y boca con personalidad muy destacada y un carácter único en comparación con el resto de vinos.

Es verdad que hay que estar abiertos a los cambios y a las necesidades del mercado. Y si el consumidor crea una necesidad en el rebujito es una buena opción para que las bodegas puedan hacer caja. Como decía un buen amigo que trabajó conmigo en mi etapa en una bodega del Marco de Jerez, “la manzanilla está buena hasta con colacao”. Pero indudablemente la prefería sola, en toda su esencia. Y está tanto en los consumidores habituales, los periodistas enogastronómicos y por supuesto en los bodegueros apostar por poner en su sitio un gran vino como son los finos y manzanillas. Los vinos de crianza biológica, generosos, y únicos en el mundo por su velo de flor, sus recuerdos a levadura, su salinidad y su acidez. Porque los vinos biológicos no son temporales ni tienen estación y no es necesario restarles calidad añadiéndole refrescos para hacerlos más fáciles de beber gracias a su toque dulce pero no excesivo. Vinos únicos en el mundo, espectaculares compañeros para cualquier tipo de plato. Porque su maridaje es interminable. Porque son realmente versátiles. Y porque muy fríos son la mejor bebida del verano. Y para que no se caliente en vuestras copas – o catavinos – sírvanlo cortito y abundante.

Y si echan de menos el dulzor, ¿han probado el pale cream? Se llevarán una grata sorpresa.

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